“There are things you can’t fight – acts of God. You see a hurricane coming, you get out of the way. But when you’re in a Jaeger, you can finally fight the hurricane. You can win.” —Raleigh Becket.
Emoción. Miedo. Robots gigantes contra monstruos gigantes. Casi en su totalidad, Pacific Rim es una película simple. La fábula de la niña indefensa salvada por un caballero ante la amenaza del temible dragón se mantiene intacta dentro de esta historia. Justo como en los cuentos de nuestra infancia.
Pacific Rim sí pertenece al cine hollywoodense de acción, militarista, con efectos especiales increíbles y personajes arquetípicos; pero también es muchas otras cosas. Guillermo del Toro disfruta hacer cosas que son demasiado comunes, pero, sobre todo, ama hacerlas de un modo que no se harían normalmente. En Pacific Rim encontramos todos estos temas —que recoge de la tradición no sólo del cine de Kaiju o de la animación japonesa de mechas— dentro de su propio estilo.
La simpleza del argumento
Pese a que la película es más compleja, podría ser resumida de esta forma: robots (Jaegers) construidos para la supervivencia de la humanidad pelean contra monstruos que emergen de las profundidades del mar (Kaijus).
[La historia, por cierto, tiene una precuela en un cómic llamado Pacific Rim: Tales From Year Zero, donde se aborda más de los primeros años después de la aparición del primer Kaiju y la construcción de los primeros Jaegers.]
Esta película proviene de la imaginación de Travis Beacham, quien, durante una caminata por la playa de Santa Monica Pier, a través de la niebla, imaginó a una criatura gigante arribando a la ciudad; del otro lado, lo esperaba un robot gigante. Monstruos, robots; nada podría encantarle más a Guillermo de Toro y su versión de 12 años de edad.
Del Toro hizo esta película para él mismo, pero, sobre todo, para las nuevas generaciones: quiere enamorar a las nuevas generaciones de los monstruos. Por esta razón es que la película muestra cierta inocencia. Aunque es una película de guerra, no se siente como si la guerra fuera buena, de hecho, las decisiones tomadas por el ejército no son las adecuadas, alejando a los protagonistas de estas instituciones y peleando como una resistencia. Sin embargo, el sentido heroico, de valor y coraje es lo que toma del Toro de este tipo de películas y las mantiene en Pacific Rim.
“Contemplar sin remordimientos” es un término que utiliza del Toro en esta película para disfrutar la destrucción. Antes de cualquier ataque, podemos apreciar secuencias de personas evacuando las ciudades. De este modo, tanto el creador, como el espectador, pueden disfrutar de la violencia sin remordimientos. Destruir una ciudad evacuada es algo que también se aleja del cine de acción convencional y nos remite a una moral tradicional artística. De nuevo, para que lo disfrute la versión de 12 años de Guillermo del Toro.
Aunque la acción es real, mucho de lo que pasa en la película tiene un sentido metafórico. Del Toro intenta recuperar temas más profundos: la confianza, el miedo, el amor, la esperanza. Aunque de inicio podemos juzgar estos temas como lugares comunes en este tipo de cine, del Toro se aleja de lo convencional y nos entrega—por ejemplo— un argumento que mantiene todos los elementos de una historia de amor, sin llegar a serla (no de la manera que acostumbramos).
El hecho de que un Jaeger imite el comportamiento de un cuerpo humano ayuda a plantear el tema central de la película: la confianza. El elemento de ciencia ficción. La ciencia ficción no sólo plantea a la humanidad ante un suceso científico, sino que la pone en conflicto con él. Gracias a la ciencia podemos cambiar la situación mundial actual distópica, aunque interviene lo político, moral, cultural, etcétera.
Un Jaeger es controlado por dos pilotos, para lograr esta sincronización se crea un puente neuronal entre ellos. Por lo que un piloto debe confiar en su compañero, no importa nacionalidad, género, edad, creencia religiosa o política. La unión mental de los pilotos nos habla de la confianza —aprender a confiar en otra persona— y de lo que es trabajar en equipo. Sólo estamos completos si trabajamos juntos.
Por otro lado, los personajes también podrían encasillarse en el cliché de las películas de acción hollywoodense. Sin embargo, por más exagerados que parezcan, se sienten reales. Incluso los Jaegers tienen su propia personalidad.
Las influencias
Guillermo del Toro se hizo cineasta por los monstruos. Y estos son los monstruos más poderosos que ha creado. En este sentido Pacific Rim es sincera en sus influencias. Es un tributo. Principalmente al cine de Kaiju (Godzilla), no solo en el concepto, sino en sus estética.
Los kaijus, aunque están inspirados en criaturas reales, mantienen el aspecto del cine japonés de los sesentas, como si una persona estuviera dentro de la criatura. Esto, por supuesto, es intencional y se nota, sobre todo, en el primer Kaiju que aparece en pantalla.
No son Mechas, son Jaegers y aun así siguen pareciendo Mechas. Y la influencia es obvia, aunque no directa. Del Toro es fan del anime y para Pacific Rim se inspiró en el de su juventud (aunque no especificara cuáles, por supuesto).
Para los diseños de los Jaegers del Toro buscó a un grupo de diseñadores que no sólo conocieran, sino que amaran el anime. La única regla que tenía el equipo: no discutir sobre las referencias. Se discutía el diseño del robot sólo dentro del universo de la película. Se hicieron cientos de diseños y cada semana se escogía uno. Guillermo del Toro ha declarado al respecto:
“I didn’t want to be postmodern, or referential, or just belong to a genre. I really wanted to create something new, something madly in love with those things. I tried to bring epic beauty to it, and drama and operatic grandeur.”
Guillermo del Toro describe Pacific Rim como un poema. Un poema de amor para muchos de los que crecimos viendo monstruos y robots en las pantallas de nuestras casas, quizá. Si no los he convencido de dejar de leer e ir a ver la película, la frase de esta noche cancelaremos el apocalipsis tal vez lo haga:







